miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL PODER PAPAL EN LA EDAD MEDIA

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        En el bajo Imperio Romano se popularizan las tendencias monoteístas en la esfera religiosa, produciéndose un fenómeno en el cual, se atribuyen al emperador poderes divinos: Sí, el emperador es la cabeza suprema, lo mismo que hay un único Dios a la cabeza del Universo: al rey único sobre la tierra, corresponde el Dios único en el cielo.
 
        Dado que dios le había dado el poder, era Dios quien actuaba a través del emperador, por lo cual el origen de las actuaciones del emperador estaba en Dios, de manera que el emperador podía incluso intervenir en el gobierno de la Iglesia. El emperador era el vicario de Dios, mediador entre Dios y los hombres, según la doctrina imperial.
 
      La iglesia había sido fundad, no por la voluntad humana, sino por la divina: Según el Evangelio de San Mateo (16, 18 -19), Cristo le dice a Pedro, "Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia" y, "Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos". Pero si la iglesia era un cuerpo corporativo y con personalidad jurídica que debía ser orientado y gobernado, se precisaba entonces de una cabeza: ¿Cuál sería esa cabeza? Pedro, así, habría recibido poderes directamente de Cristo, convirtiéndose en pastor y cabeza de la Iglesia (Pedro, apacienta a mis ovejas, San Juan, 21, 17-18).
 
      Siguiendo el principio romano de sucesión universal, todo papa recibe del anterior la potestas ordinis, - que comprende el cargo eclesiástico -, pero los poderes, las funciones gubernamentales, la potestas jurisdictionis, la reciben directamente de San Pedro, de manera que el Papa es un vices Christi.
 
     En su función de pontífice y en virtud del principio jurídico romano del derecho de sucesión, el Papa se equipara a Pedro al tener la consortium potentiae, es decir, al existir una asociación de poder entre Cristo y Pedro-papa: Es Cristo quien ha dado a Pedro, y a sus sucesores, el poder de atar y desatar en el Cielo y la Tierra, por lo cual es él el auténtico pontífice, el intermediario entre Dios y los hombres.
 
     Por su parte, durante el pontificado del Papa San Alejandro I I (109 - 116), San Ignacio de Antioquia dirigió una epístola a la Sede apostólica en la que se señala que Roma "está puesta a la cabeza de la caridad", de lo que se dedujo que a la sede romana le correspondía ser cabeza de la Iglesia, si bien, será en tiempos de San Víctor I (189 - 198), cuando quede sentado el principio de que, en cuestión de fe y de costumbres, es a Roma a la que corresponde resolver las cuestiones, llegando a excomulgar a las iglesias de Asia Menor por seguir celebrando la Pascua de Resurrección el 14 del mes de  Nisan , ignorando lo prescrito por el papa San Aniceto, (155-166) , respecto a las fechas de celebración de la misma.
 
    Tenemos, en definitiva, que a lo largo de la Antigüedad tardía, la posición del Papado se ha ido reforzando, tanto desde el punto de vista eclesial, como político.

Vídeo de San Víctor I
 

RELACIONES ENTRE EL PAPADO Y EL PODER CIVIL

     Ya desde los primeros tiempos, la literatura cristiana contemplaba la existencia de dos poderes distintos, uno terreno, el emperador, y otro supra terrenal, el de Dios. Así, en una oración por el poder civil del año 96, atribuida al Papa Clemente I, se afirma que: «es Dios el que ha dado a los emperadores la potestad del gobierno, que es el Señor quien otorga la «dignidad, gloria y virtud sobre todas las cosas de la tierra» y ruega dé a los cristianos «docilidad para obedecer en tu Nombre, que es Santo y Todopoderoso, a nuestros gobernantes y jefes sobre la tierra» Efectivamente, los autores cristianos, basándose en la respuesta que da Jesucristo a Pilatos; «no tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto», van a concluir que el poder es concedido por Dios; al fin y al cabo, sí, Dios es el máximo poder, la Omnipotencia, resulta lógico pensar que el poder que tiene el emperador no lo ha conseguido por sus exclusivos méritos, sino por la voluntad de Dios.
 
     Dado que es Dios el que concede el poder, cualquier resistencia al mismo es, en realidad, resistencia a la voluntad de Dios y por eso, «todos han de estar sometidos a las autoridades superiores» (Rom. XIII, 17).
 
      Por tanto, la dignidad imperial es un oficio, un ministerio que se ejerce al servicio de la justicia de Dios: Por eso, San Ambrosio, obispo de Milán, excomulgará en 390 al propio emperador Teodosio, en lo que constituye una de las más notorias y tempranas tensiones político-religiosas entre poder pontificio y poder laico, de tantas como menudearán a lo largo de la Edad Media, especialmente con los titulares del Sacro Imperio Romano-Germánico.

LA TEORÍA DE LOS DOS PODERES

     Un rey o un emperador cristiano ejercen, como hemos mencionado, un oficio, un ministerio, y por ello, la Iglesia, y, más aún, el Papa, como auténtico vicario de Cristo en la tierra, tiene derecho a intervenir, en caso de que el mismo no cumpla con dicho ministerio.
 
   Ahora bien, Gelasio I (492 - 496) distingue entre potestas - que ostentan los emperadores - y la autoritas - que pertenece a los papas -: El poder laico tiene poder para hacer, pero los papas tienen autoridad moral para censurar las actuaciones de los poderes laicos. Surge así la teoría de los dos poderes o las dos espadas, por la cual, si bien la Iglesia y el Papado obedecen las leyes promulgadas por el Emperador, éste, ha de respetar la autoridad del Papado en lo tocante a cuestiones de orden religioso y moral - como por ejemplo, el nombramiento de los obispos por parte del Papa, origen de la conocida como Querella de las Investiduras.
 
     Así lo pone de manifiesto en su carta al emperador Anastasio: «Hay dos poderes que gobiernan el mundo: la autoridad sagrada de los pontífices y la potestad regia. [..] Tú sabes, mi muy clemente hijo, que si gobiernas al género humano por tu dignidad, inclinas sin embargo la cabeza ante los prelados en las cosas divinas [...], (has de) estar sometido al orden religioso más que dirigirlo, [...] y si en todo lo que concierne al orden público los prelados reconocen la autoridad del imperio, - que, (no obstante), ha sido conferido por una disposición sobrenatural, (es decir, por Dios) -, y han de obedecer sus leyes [...], con más razón debe(s) obedecer al prelado de esta sede (Roma) que la divinidad suprema ha querido poner a la cabeza de todos los padres» .

EL ESTADO PONTIFICIO

      Ahora bien, mantener la independencia del Papa respecto a los poderes laicos, exigía también autonomía material y jurídica: El Papa no podía ser súbdito de ningún monarca, dado que era padre y árbitro de todos.
 
     Será también Gregorio I el que impulse la actividad misionera, logrando con ello, constituir nuevas sedes episcopales, ligadas directamente al pontífice y con capacidad para contrarrestar a las sedes orientales, refractarias a aceptar la autoridad romana. Así mismo, se preocupará de estrechar lazos religiosos, políticos y jurisdiccionales de las nacientes monarquías germánicas, especialmente con los reyes francos, a fin de sacudirse la dependencia respecto a los emperadores de Oriente, llegando los Papas a arrogarse la potestad de coronar emperadores. 
 
     Queda clara la subordinación de los reyes y emperadores al papado, que no se modificará hasta el final de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna (Siglo XV-XVI).

INGLATERRA A PARTIR DEL SIGLO XIII

     En el contexto de interrelación iglesia estado, la monarquía se organiza frente al imperio decadente. La monarquía específica de la Baja Edad Media es heredera de la fidelidad feudal y del derecho romano. El poder reside en el pueblo, pero éste delega en sus reyes, a quienes Dios promueve desde la cuna mediante un nacimiento legítimo en línea recta de ascendientes.
 
     Los siglos que van desde la llegada al reinado de los Plantagenet, hasta la derrota de una de sus ramas de descendencia, representada por Ricardo III, en la batalla de Boswort, (1485), estuvo marcada por continuas guerras tanto internas como externas.

LOS PLANTEGENET

     Reinan desde el 1154 hasta el 1399. El nombre le proviene de uno de los primeros fundadores de la dinastía, Godofredo V de Anjou, tenía la costumbre de llevar en el gorro una ramita de retama (o genista, o hiniesta), en francés genêt, de ahí el nombre: Plantagenet.
 
      El periodo de los Plantagenett fue dominado por tres grandes conflictos, internos y externos:
       1. Las guerras con Escocia, de Eduardo I, con el fin de anexionarse sus territorios, cosa que si hizo con Irlanda.
        2. La guerra de los cien años con Francia
        3. La guerra de las dos rosas, entre las ramas de la familia: Lancaster y York. Fue una cruenta guerra civil, que finalizo con la derrota de la casa de York y La llegada al trono de los Tudor.
 
     Uno de sus conocidos, por la leyenda que suscito su participación en las cruzadas fue Ricardo Corazón de León (1189-1199) cuyo reinado fue breve y anodino. Marchó a la Tercera Cruzada, dejando de lado los asuntos ingleses, y volvió sin haber logrado recuperar Jerusalén, a pesar de haber demostrado ser un líder militar de genio. Fue herido durante el asedio del castillo de Chalus (Francia), muriendo por la herida días después.
 
     En Inglaterra donde no existe una nobleza independiente, la discordia comenzó como consecuencia del odio de los barones hacía Juan sin Tierra, y por la negativa de éste a aceptar como arzobispo de Canterbury al candidato nombrado por el papa (1205), Esteban Langton. La Nobleza encontró en el prelado un jefe y en la excomunión un motivo de rebeldía (1209) . Juan Sin Tierra, para solucionar el problema de la excomunión, ni los barones, ni el pueblo podía aceptar un rey excomulgado, tuvo que declararse vasallo del papa Inocencio III.

   Árbol genealógico de la Casa Plantagenet,(color azul) junto con las dos ramas que gobernaron posteriormente: Lancaster (color amarillo) y York (color fucsia)

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BIBLIOGRAFIA
Olmos, JMDF 2010, Manual de Cronología. La datación documental histórica en España, Hidalguía, Madrid.            .
Licencia Creative Commons
El poder papal en la edad media por Tomás González Santos se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
Basada en una obra en tgsdocumenta.blogspot.com.

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